• Jaume Feliu

Estados vivenciales

Actualizado: 19 de oct de 2018

Muchas veces la vida da unos tumbos que nunca hubiésemos podido prever. Estamos acostumbrados a la lucha por el día a día, a buscarnos las "habichuelas", hay quien triunfa y consigue mucho más que esto y en cambio hay quien no llega ni a conseguir el mínimo sustento para él, y los suyos...


Esta es la primera premisa en la que nos fijamos para darnos cuenta de lo "mal repartido que está el mundo" unos tanto y otros tan poco...

No tenemos en cuenta lo que el otro ha trabajado, estudiado, o insistido en conseguir su objetivo mientras nosotros íbamos tan solo "viviendo" el día a día sin prevención de futuro y a la espera simplemente de los acontecimientos.


De acuerdo que en muchos casos es suerte, pero en pocos, la mayoría de las personas hemos sido educadas en la necesidad de la labrarnos un futuro, eso hacemos, y tarde o temprano en mayor o menor grado conseguimos nuestro objetivo.


Bien, pero no es del tema económico ni del vocacional de lo que hemos venido a hablar. Aquí quiero destacar el empuje que tiene todo ser humano para prosperar en todo, en un negocio, en una relación, en la educación de los hijos, en el cuidado de familiares y amigos... y todo esto desde una sociedad normal, equilibrada y estable.


Pongamos el ciudadano de tipo medio, que disfruta con la familia, con el fútbol, la televisión, los espectáculos y con él último chiste que le han mandado por WhatsApp.

Evidentemente hay tantas formas de ser, como caras tiene la gente. Está el que es sociable, el que lo aparenta, el huraño, el antisocial, el religioso, el erudito, el pasota, etc.

Todo este engranaje se complementa y va cuajando en amigos, conocidos, vecinos... Pero en realidad todos tenemos algo en común, tengas el carácter que tengas; la posibilidad de que nuestro equilibrio se rompa por desgracias personales o cercanas...

¡Nunca habría imaginado algo así! Evidentemente, ninguno estamos preparados y la realidad en la mayoría de casos, para mal, supera la ficción. La problemática del dolor del hombre ante la adversidad, es algo que desde la misma Biblia, hasta los modernos tratados de psicología del mundo han intentado analizar y discernir.


Ante el dolor, la persona de convicciones profundamente religiosas, quizá lo tenga más claro, la mayoría de los humanos de a pie nos desesperamos y no hay consuelo posible hasta que "el tiempo que lo borra todo, va quitando hierro" al tema.

Pongamos por ejemplo la muerte de un familiar. Si es ya viejecito, ha podido vivir la vida y esta se le acaba la vida, evidentemente que lo sentimos, pero "es ley de vida" y aunque pasamos un duelo, poco a poco vamos sustituyendo nuestra adición a él y poniéndola en otras personas de nuevas generaciones instintivamente.


Pero... ¿y cuando fallece una persona joven? ¿ y cuando lo hace un niño? Entonces sentimos un DAÑO QUE NOS HACE DAÑO, nos hiere, nos humilla. Nos deja paralizados y nos es difícil comportarnos con lógica, afecta a nuestra vida personal y trastorna nuestra personalidad.


Tantos accidentes de moto y coche que hay hoy en día, los viajes peligrosos que realizan nuestros jóvenes, las enfermedades oportunistas... En el primer momento, todos pensamos en la parte "ilógica" del acontecimiento, si la persona se cura o progresa adecuadamente, pronto pasa el dolor, pero si fallece... ahí empiezan los problemas para todo el mundo.

Visitando un día un cementerio, vi una lápida de una niñita de pocos meses con una inscripción: Señor, concédenos SERENIDAD para aceptar las cosas que no podemos cambiar, CORAJE para aceptar las que si podemos cambiar y la SABIDURÍA para saberlas diferenciar... largo, muy largo proceso el que afrontaron estos padres después de la desaparición de su pequeña... Saber encontrar la senda para seguir con su vida, cuando seguramente, en su pensamiento más íntimo, solo deseaban morir, desaparecer.


Esto no tan solo es aplicable a las desgracias humanas, también lo es para los reveses que nos da la vida. Ante todos ellos, deberíamos aplicarnos lo que estos padres pedían a su Dios: Serenidad, la prisa es mala consejera y las peores decisiones que podemos tomar, sobretodo las del sentido negativo, son las que se deciden "en caliente ". Coraje, narices, fuerza, energía para afrontar todo aquello que nos duele y no conformarnos con dejar que nuestra vida transcurra por zonas "oscuras " sin luz alguna que nos alumbre el camino y por fin Sabiduría, y cuando digo esta palabra, no hablo de lo que se aprende de los libros ni de lo que podamos mirar por Internet, hablo de la sabiduría que representa el pensar con serenidad que hacer y teniendo el coraje necesario para hacerlo.


Pensareis que es fácil decirlo, hasta el religioso, en estas circunstancias, es fácil que pierda la fe, pero a la mayoría de los seres humanos, este peso nos arrolla, es más, mucho más de lo que podemos soportar, a veces podemos gritar, podemos agredir verbalmente a cualquiera que pretenda decirnos como debemos actuar, pensar, etc, no tan solo esto, sino que dentro de nuestra amargura nos defendemos de nuestros amigos "ironizando" sobre nuestras penas, le estamos diciendo al amigo que no hay esperanza ninguna para nosotros y queremos convencerle a el de que el mundo va de "capa caída" y es el quien se equivoca...

No porque esté inmerso yo en mis circunstancias, me he vuelto tonto o sin capacidad para pensar... pienso que este amigo es un charlatán, un médico de fantasía, la realidad es la mía, no esta tontería que proclama...

Empiezan un poco más tarde las cavilaciones, ¿ porque se ha venido todo abajo ? ¿Es justo? ¿se ha equivocado en la trayectoria de su vida? ¿en que ha fallado? "Por fin está pensando", no encontrara respuesta, pero al hacerlo empezara a entrar poco a poco la luz del entendimiento a la que si está acostumbrado, la sabiduría poco a poco lo va a ir sacando del pozo en el que ha caído...


La proporción directa entre la bondad y la prosperidad es una vaga ilusión, una falacia a la que queremos asirnos y vale la pena que lo hagamos aunque luego nos lleve a recibir palos por los que nos dirán aquello que tanta rabia nos da: "ya te lo decía yo"... que lo sigan diciendo, por desgracia, son muchas las personas buenas que sufren, también son muchas las de malos sentimientos que lo pasan bien...no hay una norma, si,una moral recta o no, la moral "desviada", es quizás la que dará más placeres mundanos pero la recta, o al menos la que nosotros valoremos como recta, será la que nos de más satisfacciones y nos hará prosperar como seres humanos.


Ningún filosofo consigue superar el pesimismo fruto de la fatalidad, pero si en cada momento de vida tenemos en cuenta las tres palabras que hemos trabajado y somos capaces de juntarlas con SENCILLEZ y HUMILDAD, el dolor es muy duro cuando acontece, pero si conseguimos superar la negatividad que genera y dejar entrar la luz en nuestros pensamientos, nos daremos cuenta de que todas las palabras trabajadas nos llevan a una nueva en nosotros: ESPERANZA.


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