• Jaume Feliu

Montserrat


Hay un Montserrat visible, grandioso, imán de todo aquel que se le acerca. Otro Montserrat, permanece oculto en cuevas, ermitas y peñas aguardando que alguien, quiera penetrar en el y vivirlo desde dentro. Montserrat es una sagrada "verruga" de la tierra, un lugar fundamentalmente diferente a su entorno. Un faro que emite su luz, distinta a todas las otras sobre Cataluña.


Analicemos; es un monte radicalmente distinto a su entorno, separado de todos las demás sierras y sistemas montañosos que lo rodean, por ello se advierte inmediatamente su personalidad geológica distinta al primer vistazo, marcando sus señas de identidad. Forma un ecosistema propio, sus fuentes se filtran desde la roca y las aguas vuelven a la tierra para alimentar las estalactitas y los lagos de las cuevas. La fauna y la flora son propias, acogen especies y variedades que en modo alguno se localizan en los alrededores; incluso su escudo, con la sierra de carpintero que la corta, arquetípicamente, simboliza la separación de la montaña y la elevación de esta sobre su entorno, "aserranda”, separándola del mundo terrenal. Los geólogos han confirmado que la formación de Montserrat se debe a un cataclismo que elevó a alturas de más de 1200 metros masas rocosas y aglomerados que se encontraban bajo el nivel del mar. Esta elevación supuso la puesta en contacto de materiales distintos que, al unirse violentamente combinaron sus campos energéticos y establecieron el potencial telúrico que emana de la montaña. Montserrat no es un monasterio enclavado en un monte. Monserrat es el monte entero, que por diversos caminos, puntos telúricos, y ermitas, se sacraliza en su totalidad, esparciendo los puntos de transcendencia que constituyen su potencia magnética. Montserrat ha sido durante la historia, defendido a ultranza, y saqueado brutalmente. Desde la guerra de secesión, a las guerras civiles, pasando por los allanamientos protagonizados por las huestes de Franco, y Hitler. Sus edificios han sido derrumbados y rehechos continuamente. Pero esta es otra cuestión que no hace mas que dar la razón al hecho de que toda la montaña es un templo. Si nos introducimos un poco en las leyendas que lo rodean veremos que cada "pilar" del templo tiene su base popular...





La Leyenda del "Gigante encantado" nos habla de un cíclope, un cíclope que arrasaba los campos, y acababa con el ganado. Pero este cíclope, debía refugiarse de la luz del sol. Así pues, los habitantes de la zona, dejaron ganado bien lejos de su refugió, y este, no llego a tiempo, quedado petrificado.

La imagen es la pintura "El Genant encatnat" de Santiago Rusiñol.




La leyenda sobre el "cavall bernat”, nos cuentan, como el demonio quiso tentar (y tentó) a un leñador, regalándole un caballo con el pretexto de que con el, trabajaría, más y mejor. A cambio, el leñador debía entregarle su alma, tras pasados diez años.

Al acercarse el plazo, el leñador pidió amparo a la virgen, convirtiendo en parte del macizo al caballo que le dio el diablo.



También cuenta la leyenda de un grupo de frailes que discutían acerca de donde enterrar a un compañero suyo recién fallecido, tanto discutieron que enfadaron a la virgen y esta los convirtió en un grupo de montañas que se llaman "frares encantats" pero no en el sentido de encantamiento ni de encantadores sino en el de poco resolutivos. Así sucede como el monte entero, se hace virgen y la virgen se hace montaña sin que haya nada que logre desvincularles. El creyente cuando reza a Montserrat, lo hace a la montaña entera, no tan solo a la virgen negra que mora en su interior, volviendo así al concepto de "madre tierra" de la que hablábamos en otro artículo. La historia de Montserrat es la historia de muchos temas, de muchas pasiones concentradas en ella. Desde la fe al nacionalismo, desde la conciencia libertaria, al despertar de la mística sin fronteras, aparte de que desde siempre ha sido un objeto de deseo de políticos, anacoretas, frailes y de la misma iglesia de Roma.




Aclarado esta, que el monte entero está dedicado a la "Gran Madre". Uno de los primeros historiadores de Montserrat, Argaiz, cronista de la orden benedictina, nos cuenta que en el año 976, el conde Borrell, supo de la presencia de "ermitañas" en la montaña, y para apartarlas del peligro de vivir en aquella soledad, las hizo sustituir por monjes de la orden de san Benito que procedían de Ripoll. Grandes maestros como Ramón Llull, Ignacio de Loyola y otros hallaron su inspiración en Montserrat; el paso por sus diversas ermitas ayudaron a los que se iniciaban a avanzar en el camino de la fe y el conocimiento de las energías, así la de San Jerónimo, situada en el punto más alto de Montserrat (1159) metros, siendo la más lejana del monasterio se reservaba a los ermitaños más jóvenes por ser la más difícil en temas de ubicación y la más alejada del monasterio, era ideal para la iniciación, a medida que los monjes iban haciéndose mas mayores, si seguían dedicando su vida al misticismo, iban pasando a ermitas mas confortables y mas cercanas al monasterio.



Todas las piezas que componen el rompecabezas de la realidad de la montaña catalana, tienden a definirla como un grandioso recipiente iniciático, capaz de contener y concentrar todos los elementos que caracterizan el camino, que todo ser humano, debe emprender cuando aspira a encontrar su identidad trascendente, la plenitud de su búsqueda sea cual sea el desenlace buscado.


No en vano Montserrat también es y ha sido escenario de avistamientos O.V.N.I.S, y ha sido recientemente nombrado "chakra" de la humanidad.


En todo lo que queráis escuchar de Montserrat, seguro que hay algo de verdad, desde las curaciones milagrosas, a los momentos en que fue cuna de Cátaros y quizá poseedora del Santo Grial, a las emanaciones de los que, como cuenta otro cronista montserratino, el padre Pedro de Burgos, vieron bajar del cielo 7 pastorcillos de Monistrol señalando, durante cuatro sábados, la entrada de la cueva donde fue hallada la virgen...


Es, sin duda alguna, un lugar sagrado distinto a los demás que conocemos, y por su conformación, único. Apto para el misterio y el prodigio, la leyenda montserratina cuenta para acabar en una de sus historias, que la montaña se estremeció en el mismo momento en que Jesucristo fue clavado a la cruz en el Gólgotha.

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